Mi historia con los perros… desde que recuerdo, siempre he tenido el cariño por lo animales, pero en lo primordial, lo es con los perros. 

Tengo presente que tenía aproximadamente entre 5 y 6 años, un primo llegó de su trabajo (taller de servicios automovilísticos) comentando que en el taller había una perra que había tenido 13 cachorros

Los que trabajaban con él, adoptaron una cría, dejando una hembra sin cuidado. En seguida escuché eso y rogué a mi mamá que por favor me dejara tenerla, me iba a hacer cargo. Accedió bajo su voluntad, dado que nunca había tenido una mascota. 

La llevé a casa brindando los primeros cuidados (vacunas, desparacitación, etc). Con el paso del tiempo no sabía que nombre ponerle, así que no sólo tuvo uno, sino varios y entre ellos fueron los siguientes: princesa, tortuga y perra, pero el que más destacaba era el nombre de “perra”, era por el que más entendía y por el que le llamaba más a menudo. 

Con ella jugaba a ser veterinaria, le vendaba las patas, el hocico.…en fin ella se dejaba ser mi paciente. En 3 ocasiones tocó estar sus partos (cada camada era de 12 cachorros). Veía cómo los tenía y se comía la placenta de cada uno para que pudieran respirar, al ver cómo ella se desesperaba para que no sufrieran, le ayudé, al principio creyó que usurparía alguno, pero me miró a los ojos y fue cómo si ella me dijera: “confío en ti”, tanto jugaba a ser veterinaria que en realidad fungí como una, hubo varios perritos que no se lograron, porque se ahogaban o eran aplastados por ella misma. 

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En el segundo parto también estuve presente, mientras ayudaba me cautivó un canino y una vez más rogué para que no sólo tuviéramos a “Perra” si no también se agregara a la familia “Rayo”.

Pasaron los años y Perra murió de anciana, sentí como si hubiese muerto un familiar, fue un tiempo de tristeza, fue una muerte que no se esperaba, pero que el ciclo de la vida reclamaba.

Después pasó otra situación, tenía que cambiar de residencia, pero dónde viviría, no podía llevarme a Rayo, él se quedó con mi abuela, brindaba amor, alimento y cuidados… pasaron 2 semanas y me dieron la noticia de que había muerto, que no quería comer, mi abuela me dijo: “murió de tristeza, se le notaba en sus ojos y en esperarte sentado frente al portón”. Fue una segunda muerte que me hizo pensar: “ya no quiero tener un perrito de mascota, me duele mucho que mueran…”

Pasaron 2 años y mi mamá llegó con una perra, muy temerosa. No estaba acostumbrada a que le hablaran con amor ni mucho menos que la abrazaran, se la regalaron porque la tenían encerrada sin hacerle mucho caso. Su nombre era “Mini”. Poco a poco adquirió confianza. 

En una ocasión se salió en la madrugada, de la casa, al despertar nos percatamos que no estaba, tenía que irme a la escuela, pero en el trayecto del camino, pensaba en ella, cuando llegué a la parada escuché que chillaba un perro, identifiqué su quejido y empecé seguir el sonido, vi que era Mini, lloré y le hablé, pero noté que no podía moverse, me preocupe aun más, porque no se le veía que tuviera alguna herida, le hablé a mi madre y le conté. Ella fue por Mini, pero antes oré, la llevaron al veterinario, recetó medicamentos y algunos cuidados. No quería comer, le dolía, se quejaba, pero confiamos en Dios, yo ponía sus manos sobre ella y oraba, con el paso del tiempo, comenzó a comer y a mejorar de la parte de su cadera, volvió a vivir, cómo aquella perra que conocíamos.

Con ella también pasó algo difícil, ya que andando en sus días de locura, se salió de casa y la embarazó un perro más grande, pasaron los meses y nosotros teníamos que irnos a otra ciudad, la dejamos encargada por unos días, pero cuando regresamos me di cuenta que tenía dolor en su mirada, la revisé y noté su pancita dura, la llevamos con un veterinario, la revisó y sólo dijo que estaba bien, que tenía la pancita así porque ya iba a parir en cualquier momento, pero que podíamos llevarla a casa. 

Yo sabía que algo andaba mal con esa pancita, de acuerdo a mi experiencia con “Perra”, la panza no se les hace dura, llegamos ese día de la ciudad y me quedé a dormir con ella, toda la noche la escuchaba que se quejaba y yo sólo le sobaba la pancita y le decía: “Mini todo va a estar bien, tranquila”. Fueron las peores horas de su vida y de la mía. Al día siguiente ella estaba muerta, ella tenía los perritos muertos en su panza, no sabemos desde cuando, pero si sabemos que sólo nos estaba esperando para partir, la enterramos en un lugar especial. 

Mucho después cuestioné a otro veterinario y me comentó lo que yo creía con respecto a la panza dura. Pero fue otra pérdida de un ser amado, un ser que llenaba nuestra casa de alegría.

Pasaron los años y me regalaron un Snauchzer, a Slai, él llegó desde que tuvo un mes de nacido, la mamá no le hacía caso a los crías, así que tuve que darle leche como a un bebé, a cuidarlo, darle cariño, amor y seguridad.

Creció, creció y creció (bueno no tanto, aunque para mi sí) y mi hermano fue educándolo para que supiera dónde debía hacer del baño, a no gruñir cuando se le  quitara su charola de comida, a dar la mano. Hasta la fecha mi familia y yo creemos que sólo le hace falta que hable como humano, porque entiende todo lo que le decimos, anda por las colonia sin collar o correa, él va a la calle, hace sus necesidades y regresa a casa. 

En una ocasión tuvo una pelea con otro perro, casi lo mata, ya que el otro lo mordió cerca de la yugular. El veterinario lo operó, gracias a Dios no pasó a más y aquí esta, exactamente aun lado de mi, durmiendo, mientras te escribo toda esta historia con mis mejores amigos de la infancia, y en verdad que si no tienes uno, deberías adoptar alguno que no tiene hogar, no hablo de tener algún perro de alguna raza en especial, sino a que seas partícipe de ayudar a perritos que no tienen un hogar, un techo cuando llueve o alimento cuando su organismo se lo pide, o que en esta temporada de frío no tienen un abrigo. Te invito a que tengas y experimentes el amor del mejor amigo del hombre, a sentir cómo ellos te consuelan y sienten tu tristeza cuando lo estás y logran sacarte una sonrisa con cualquier locura. 

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